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Juan Gérvas: “La mujer es carne de cañón del sistema sanitario”

“La mujer, más que el varón, es carne de cañón” de un sistema sanitario que oferta y prescribe para todas servicios por encima de lo necesario “de forma que los beneficios no compensan a los daños”, asegura el doctor Juan Gérvas, defensor de una Medicina con límites para una mujer ahora sobrediagnosticada y sobremedicada

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Juan Gérvas: “La mujer es carne de cañón del sistema sanitario”
Una paciente en el interior de un paritorio del Hospital Universitario Materno Infantil de La Paz de Madrid. EFE/ Juana Benet

Esta situación supone un “encarnizamiento” médico contra la mujer, una palabra que da título al nuevo libro de Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández, un matrimonio de médicos generalistas, investigadores y miembros del Equipo Cesca, asociación científica sin ánimo de lucro que realiza investigaciones y trabajos sobre la organización sanitaria.

Mercesdes Pérez-Fernández y Juan Gérvas, doctores y autores de "El encarnizamiento médico con las mujeres"
Mercedes Pérez-Fernández y Juan Gérvas, doctores y autores de “El encarnizamiento médico con las mujeres”. Foto: Editorial “Los libros del lince”.

“El encarnizamiento médico con las mujeres” (Editorial Los libros del lince) cuestiona dinámicas tan establecidas como la revisión anual ginecológica, las mamografías, las ecografías rutinarias en el embarazo, la terapia hormonal sustitutoria en la menopausia, el tratamiento por osteoporosis o la vacuna contra el virus del papiloma humano.

A través de cincuenta situaciones clínicas, los autores se adentran en la atención médica de la mujer en las distintas etapas de su vida para promover, según Gérvas, una “rebelión contra el sistema sanitario de los excesos” y con la aportación de bibliografía a favor y en contra de las situaciones analizadas con el fin de que el lector concluya su propia opinión.

Aseguran que no hay nada más machista que el sistema sanitario que considera a la mujer como un varón enfermo y la discrimina por ello, en especial a aquellas con minusvalías, trastorno mental, obesidad, ancianas, prostitutas…

Para el sistema patriarcal sanitario la mujer es una especie de varón con enfermedad que no cuadra bien porque los modelos varoniles son los que imperan en la enfermedad que se aprende. En las enfermedades mentales graves, por ejemplo, el modelo que impera sigue siendo el del varón, sin considerar las características específicas de la mujer como la posibilidad del embarazo y la maternidad.

Cómo explica el exceso sanitario a quién se considera más protegido cuantas más pruebas médicas se somete y a quién considera una mejora de la calidad de vida tener tratamientos, en su opinión, innecesarios.

Igual que el lector entiende que es bueno comer pero que hay que hacerlo con prudencia para no llegar a la obesidad, lo mismo pasa en los servicios sanitarios si no los utilizamos con prudencia. Y ya empezamos a tener obesidad mórbida en el uso de estos servicios, especialmente en los de la mujer que hasta ahora ha sido más carne de cañón que el hombre.

Un ejemplo es la osteoporosis, que es el envejecimiento del hueso como las arrugas es el envejecimiento de la piel. No es una enfermedad, puede haber riesgos de fractura pero en mujeres de 80 años. Y estamos dando tratamientos a mujeres de 60 años cuya probabilidad de fractura es nula y no lo estamos haciendo en las de 80 años cuya probabilidad es alta.

Otro ejemplo es la cesárea de conveniencia. Del 15 al 20% de casos que lo necesiten pasamos al 30 al 50% cuando no es tan necesaria. En el sistema público puede haber mecanismos sutiles para forzar la cesárea y también las mujeres insisten en cuanto a fechas más oportunas y de paso conservar mejor la vagina, el periné…La cesárea se banaliza y hace que aumente la frecuencia.

Aseguran que la revisión ginecológica anual en condiciones de normalidad no tiene fundamento científico y que tampoco tiene sentido hacer una citología al año.

A nivel mundial se recomienda cada 3 o 5 años, pero en España la revisión ginecológica se ha implantado una vez al año sin ningún fundamento científico que hace mucho daño al llevar a falsos positivos, a intervenciones no necesarias, a repetición de pruebas. Un ejemplo de encarnizamiento de la mujer.

¿En el caso de las infecciones comunes, como las clamídeas? Es suficiente con una muestra de orina o una muestra intravaginal que la propia mujer puede tomar sin necesidad de someterse a una citología. Pero tampoco hay ninguna duda en el mundo de que la autoexploración mamaria disminuya la mortalidad por cáncer de mama. Hacerlo por sistema no, si se nota una anomalía consulte al médico.

Consideran que las embarazadas están sometidas a procesos innecesarios: tomar ácido fólico fuera del periodo recomendado, tomar suplementos de yodo o someterse a las ecografías que por rutina establece el protocolo.

Una ecografía se hace para tomar decisiones, el problema es que no se toman mejores decisiones y, sobre todo, no se llegan a mejores resultados. En Noruega el sistema sanitario ofrece una o ninguna porque no hace falta, no añade nada. Y ahora con las de imagen en tres dimensiones se produce el uso lúdico de las ecografías y que sirven para que las madres las envíen por whatsapp. Es un uso intrascendente y banal de estas ecografías.

También recomiendan parir en casa porque es más seguro que en el hospital…

Lo acaba de publicar The National Institute of Clinical Excellence, una de las mejores agencias de evaluación de tecnología sanitaria, que lo aconseja para mujeres sanas a partir del segundo embarazo, si transcurre con normalidad, y si es atendida por una matrona cualificada. Está demostrado científicamente que es más beneficioso que en el hospital que lleva a más intervenciones innecesarias y conlleva complicaciones. El hospital es peligroso en su exceso. Y lo cubre la Seguridad Social. El parto en casa lo pagamos de nuestro bolsillo.

En el libro tratan sobre realizar el aborto voluntario en casa y con medicamentos.

El aborto voluntario en sí es un fracaso y tendría que ser innecesario si se hubieran tomado medidas para evitar embarazos no deseados. Pero una vez que se tome esa decisión, el aborto tiene que ser lo más humano posible y eso es controlado por el médico de cabecera y en casa. Se hace en muchas partes del mundo, como en Portugal. Si es una mujer sana que desea abortar de forma voluntaria lo hace de mano de su médico de cabecera con unos medicamentos sencillos intravaginales que provoca una regla más llamativa y se aborta sin más. Es absurdo que la legislación española no contemple esa posibilidad y lo lleve a esa imagen quirúrgica de clínica especializada.

Portada del libro "El encarnizacimiento médico con las mujeres". Foto: Editorial "Los libros del Lince"
Portada del libro “El encarnizacimiento médico con las mujeres”. Foto: Editorial “Los libros del Lince”

En el libro, los doctores Gérvas y Pérez-Fernández critican que no se advierta sobre los efectos que la irradiación de la mama provoca en cada mamografía, “es bajo, pero deben advertirlo”; consideran apropiado revacunar a la embarazada contra la tosferina; creen que la episiotomía (corte en el canal del parto) puede empeorar el parto y cuestionan la cirugía vaginal cuyas consecuencias están por ver.

Asimismo, advierten que hoy por hoy la vacuna contra el virus del papiloma humano es experimental y que todavía existen dudas razonables sobre su eficacia en las niñas vacunadas para evitar el cáncer de cuello de útero.

“El encarnizamiento médico con las mujeres” completa la trilogía sobre las intervenciones médicas abusivas que los autores ya abordaron en “Sano y salvo” y “La expropiación de la salud” para que el paciente sea consciente de que es utilizado como “combustible” del sistema sanitario.

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