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La fiebre hemorrágica, desde África a Europa por el cambio climático

Virus como el zika o la fiebre hemorrágica Crimea-Congo, que afectó a dos personas en España el pasado verano, están variando su localización geográfica, un fenómeno que podría estar causado por el cambio climático, según el experto del Hospital Universitario La Paz-Carlos III, José Ramón Arribas

La fiebre hemorrágica, desde África a Europa por el cambio climático
Garrapata. EPA/PATRICK PLEUL

Una investigación española publicada en la revista “The New England Journal of Medicine” sobre la fiebre hemorrágica vírica, que en agosto de 2016 mató a un hombre de 62 años en Ávila, concluye que ésta llegó a España procedente de África y que las garrapatas transmisoras infectadas viajaron desde el norte del continente en aves migratorias.

El equipo de investigadores españoles describe los primeros casos de fiebre hemorrágica Crimea-Congo detectados en un país europeo occidental: España.

Fue en agosto de 2016 cuando se diagnosticaron dos casos de esta enfermedad infecciosa: un hombre de 62 años que falleció después de que le picara una garrapata portadora del virus cuando paseaba por el campo en Ávila y la enfermera que lo atendió en el Hospital Infanta Leonor de Madrid, que estuvo un mes ingresada por el contagio.

Endémica de África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia, antes de 2016 no se habían diagnosticado casos en Europa occidental.

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El doctor José Ramón Arribas durante su intervención en el V Aniversario de EFEsalud/EFE/Juanjo Martín

Los investigadores han concluido que la variante del virus que infectó a estas dos personas en España tiene una huella genética propia del linaje africano de la enfermedad y no guarda relación con la cepa presente en Europa del Este, y que fueron aves migratorias del norte de África las que trajeron las garrapatas infectadas.

“Crimea-Congo es un caso más de lo que llamamos virus reemergente. Estamos viendo en el mundo cómo los virus que ya conocíamos están cambiando de localización geográfica. Pasó con el zika y está pasando con Crimea-Congo”, explica a Efe el coordinador de la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel del Hospital Universitario La Paz-Carlos III, José Ramón Arribas.

“Una de las hipótesis es que el cambio climático está contribuyendo a este cambio de geografía de las enfermedades”, subraya.

Las enfermedades víricas, continúa Arribas, están cambiando su manera de actuar y aparecen en zonas geográficas distintas.

La fiebre hemorrágica en España

En España se tiene constancia de la presencia de estos parásitos portadores del virus desde 2010 -se han encontrado garrapatas portadoras en Castilla La Mancha, Castilla y León, Madrid y Extremadura, pero sólo en animales salvajes, no domésticos-, si bien hasta el año pasado no se detectó ninguna transmisión a humanos.

“Tenemos una enfermedad nueva en España que antes no se había diagnosticado nunca. (…) Lo que hay que saber es que las garrapatas en España están infectadas y que cuando a alguien le pica una es muy importante, si se pone malo después con fiebre o algún tipo de síntoma, que consulte a algún profesional médico para ser evaluado”, sostiene Arribas.

Garrapatas fiebre hemorrágica
Diferentes tipos de garrapatas. Fotografía cedida por SEIMC

La probabilidad de que se produzcan nuevos casos de contagio y fiebres hemorrágicas “es baja, pero no es cero”.

“Nos puede pasar como a Turquía, que empezó en 2002 y ha tenido 10.000 casos; o como a Grecia, que tuvo un caso en 2008 y no ha vuelto a tener ninguno”, reflexiona el experto.

Como medida de protección, Arribas indica que las personas que vayan al campo deben ir bien cubiertas y revisarse el cuerpo cuando vuelvan a casa, porque las picaduras de garrapatas son indoloras.

Los síntomas de la fiebre hemorrágica Crimea-Congo son fiebre elevada, cefalea, dolores articulares y musculares, hipotensión, síntomas hemorrágicos, gastrointestinales y respiratorios, así como sudoración.

El investigador destaca que la infección sólo puede producirse por la picadura de una garrapata infectada o bien por el contacto directo de sangre o fluidos contaminados.

Sin embargo, descarta la posibilidad de que se produzca una epidemia fuera de los hospitales.

El pasado año, tras el diagnóstico de las dos personas afectadas, la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid realizó seguimiento a más de 430 personas que se vieron expuestas al virus, aunque ninguna presentó síntomas de la enfermedad.

En la investigación publicada por la revista “The New England” han participado el Hospital Universitario La Paz-Carlos III, el Instituto de Salud Carlos III, el Centro Nacional de Microbiología, los hospitales madrileños Gregorio Marañón e Infanta Leonor, así como la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

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