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Términos médicos: dudas, errores y usos del lenguaje

Los filólogos estiman que hay más de medio millón de términos médicos, un lenguaje que crece al mismo tiempo que avanza la ciencia. Vocablos latinos y griegos conviven con anglicismos y neologismos, una complejidad léxica que provoca incorrecciones y dudas frecuentes en los especialistas y en la sociedad.

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Términos médicos: dudas, errores y usos del lenguaje
La palabra ébola fue una de las más consultadas del Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia Nacional de Medicina. EFE

Todos utilizamos palabras del lenguaje médico en nuestro día a día: fiebre, dolor, tensión arterial…Incluso recurrimos con soltura a palabras que se han tomado prestadas del inglés como shock, bypass o brackets, anglicismos que han llegado a desplazar con total naturalidad a su equivalente en castellano.

“El lenguaje médico siempre ha estado más arraigado en el lenguaje común que otros especializados”, explica Cristina González, lexicógrafa de la Unidad de Terminología Médica de la Real Academia Nacional de Medicina, institución que vela por su buen uso.

Desde la Antigüedad, siempre ha hecho falta un término que denominara cualquier parte de nuestra compleja anatomía y de sus no menos complicadas dolencias.

Pero la imparable y veloz evolución de la ciencia médica ha supuesto la inclusión de multitud de términos técnicos, muchos ellos con raíz en las lenguas clásicas, y otros de nueva creación, neologismos.

Más transparencia, más cercanía

Imagen de un ejemplar del Diccionario de Términos Médicos en la biblioteca de la Real Academia Nacional de Medicina, en Madrid. Foto cedida por la Academia de Medicina.

La imagen del médico al que apenas entendíamoscuando hablaba y mucho menos cuando escribía, queda ya lejos. Muchos de los términos médicos forman parte de nuestro lenguaje cotidiano y, si no entendemos, tenemos diferentes vías para recabar información en la era de las nuevas tecnologías.

“Hay más transparencia, antes buscábamos en la enciclopedia, ahora con un golpe de tecla puedes tener cualquier información. Incide en que la gente se cuide más al tener un mayor conocimiento de los riesgos. Hay ventajas, pero también inconvenientes”, considera Carmen Remacha, también lexicógrafa de la Real Academia de Medicina.

Una opinión compartida por Celia Villar, filóloga y lexicógrafa de la Fundación Español Urgente (Fundéu BBVA), institución que celebra el décimo aniversario de su creación con la mirada puesta en impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación a través de recomendaciones diarias y una activa presencia en redes sociales y foros, entre otras iniciativas.

En estos diez años, la Fundéu ha pasado de responder a consultas sobre dudas o confusiones clásicas de términos médicos (como, por ejemplo, la diferencia entre epidemia y pandemia), a tratar de dudas sobre el género de un término (la médica) o a informar de manera exhaustiva sobre el correcto tratamiento de esta terminología.

“Quizá esta evolución se deba a que el público cada vez entiende más, detecta cuándo se le cuenta una noticia con terminología rigurosa y clara, y quiere enterarse de lo que está pasando”, indica Celia Villar.

El médico, un traductor

Para comprender, utilizamos al propio médico que se convierte en traductor: le dice al paciente que tiene juanetes, pero en la ficha clínica escribe hallus valgus, el nombre científico de origen latino, pero con sus colegas comentará en inglés algunos aspectos técnicos ya que este idioma se encumbra como la lengua de los ámbitos científicos.

Pero, a veces, estos escalones se simplifican y los anglicismos acaban imponiéndose. “Podemos pensar que cuanto más términos ingleses utilicemos más cultos somos, pero no es así. No enriquecen mientras dejen obsoleto el vocablo en castellano que se utilizaba”, indica Carmen Remacha.

“La contaminación lingüística -según esta lexicógrafa de la Academia de Medicina- es algo intrínseco a la lengua, si no hablaríamos todos latín y no habría evolucionado el castellano. No podemos ser inmovilistas, pero tampoco introducir por esnobismo términos que empobrecen nuestro léxico”.

“Que no haya anglicismos depredadores, sino que se utilicen cuando no haya otro término”, incide su compañera Cristina González.

Las dudas y errores más frecuentes

La Reina interviene en el décimo aniversario de la Fundéu. Efesalud.com
La Reina interviene en la celebración del décimo aniversario de la Fundación del Español Urgente (Fundéu), promovida por la Agencia EFE y el BBVA y avalada por la Real Academia, cuyo objetivo es fomentar el buen uso del español en los medios de comunicación. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Pero no solo son los anglicismos, el uso del lenguaje médico genera dudas y errores frecuentes en los especialistas, en los periodistas y en los ciudadanos.

Fundéu y la Real Academia Nacional de Medicina colaboran desde 2012 para difundir recomendaciones linguísticas relativas a términos médicos. El análisis de ambas instituciones coincide:

  • Uno de los errores más frecuentes: usar severo como sinónimo de “grave”, cuando en castellano no tiene esa acepción, sino que significa “estricto”. Un anglicismo procedente de severe, adjetivo que sí significa “grave en ese idioma.
  • Faltas de ortografía como no utilizar la doble erre en términos como colorrectal.
  • Utilizar estadío, palabra no registrada en el diccionario de la Real Academia Española, en lugar de estadio cuando nos referimos a ‘etapa o fase de un proceso’.
  • Escribir las enfermedades en mayúsculas. Por ejemplo, el término alzhéimer se escribe con minúscula inicial y con tilde, excepto si se utilizan las expresiones enfermedad de Alzheimer o mal de Alzheimer, en las que se respeta la grafía del apellido del neurólogo que lo investigó y se escribe, por tanto, con mayúscula inicial y sin tilde. Lo mismo ocurre con ébola o virus del Ébola (que toma el nombre de un río africano).
  • Dudas sobre cuál es el término correcto en casos como alérgico (‘el que padece alergia’), alergénico (‘el que la produce’) o alérgeno (‘sustantivo que se refiere a la sustancia que la provoca’). También entubar o intubar (ambas formas correctas).
  • Dudas sobre acentuación en casos como mamoplastia o mamoplastía, rinoplastía o rinoplastia, blefaroplastia o blefaroplastía.
  • Error al utilizar cirugía (‘disciplina médica’) como sinónimo de “operación o “intervención quirúrgica. No debe decirse, por ejemplo, “Se le practicaron dos cirugías”.
  • Uso de mayúsculas/minúsculas en nombres de especialidades médicas o pruebas médicas.
  • Abuso de siglas que muchas veces no sabemos exactamente qué significan: TAC, EPOC, PET…

El lenguaje médico en los medios

Muchas de estas incorrecciones las leemos y escuchamos cada día en los medios de comunicación. Errores que en la mayoría de los casos proceden de la fuente médica y que se pueden instalar en la sociedad si no lo remediamos.

“En Fundéu hemos observado una mejoría en el uso del lenguaje médico derivada, quizá, de un mayor interés por documentarse tanto sobre la exactitud de los conceptos como sobre su correcto empleo lingüístico, para luego plasmarlo con fidelidad y claridad en las noticias”, apunta la lexicógrafa de esta institución.

Cristina González, como experta de la Academia de Medicina, considera que los medios de comunicación, incluidas las publicaciones científicas, deberían tener aún “mayor cuidado” al tratarse de un ámbito de especial sensibilidad para el ciudadano.

Crear un manual de estilo para todos aquellos que utilizan el lenguaje médico es un reto de podría plantearse la Academia de Medicina, así como crear un departamento de consultas y términovigilancia, si los recortes económicos que sufre la Administración lo permiten.

Diccionario de Términos Médicos. Efesalud.com
Diccionario de Términos Médicos/EFE

En lo que sí ya han empezado a trabajar es en el Diccionario panhispánico de términos médicos que, con unos 80.000 vocablos, pretende recoger las variantes linguísticas de cada país hispanohablante, una obra colectiva de las academias de medicina latinoamericanas.

Se trata de establecer las variantes para facilitar la comunicación entre los países hispanoamericanos y Estados Unidos, país este último con una creciente población hispana y segundo que más consulta la versión digital del Diccionario de términos médicos de la Academia española de Medicina, que se publicó en 2011, explica Cristina González.

Este diccionario, que incluye más de 66.000 acepciones con definiciones, información etimológica, equivalente en inglés, sinónimos y observaciones, está dirigido a los especialistas biosanitarios.

“Hasta que este diccionario se editó, los médicos no tenían un referente. En el lenguaje general tenemos el diccionario de la RAE, pero no en el técnico. Los académicos de medicina han tenido la voluntad de buscar el mejor equivalente y divulgarlo”, señala la lexicógrafa.

Y los términos más consultados en 2014 en este diccionario han sido ébola, coincidiendo con los casos de españoles infectados con este virus africano, y patología, una búsqueda que llama la atención en usuarios “especializados”. La explicación la ofrece el propio diccionario: no indica solo su significado, sino cómo se utiliza.

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