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Diferencias entre virus y bacterias: desde su tamaño hasta su tratamiento

Las bacterias y los virus son invisibles al ojo humano, están presentes casi en cualquier ambiente y pueden hacernos enfermar, muchos de ellos ya existían en tiempos en los que en la Tierra no había todavía seres vivos mayores, pero al margen de eso, poco más tienen en común

Diferencias entre virus y bacterias: desde su tamaño hasta su tratamiento
EFE/Julián Martín

Una de las principales diferencias entre los virus y bacterias es su tamaño, pues “las bacterias son hasta cien veces más grandes que los virus”, señala a la publicación especializada “Apotheken-Umschau” Clemens Fahrig, médico jefe y director médico de medicina interna del Hospital Evangélico Hubertus de Berlín.

La mayor parte de las bacterias tienen un diámetro aproximado de entre 0,6 y 1 micrómetro (µm), de manera que pueden verse con un microscopio óptico, mientras que los virus, de tamaño notablemente menor, sólo pueden detectarse por microscopía electrónica.

“La diferencia esencial es la estructura”, es decir, que virus y bacterias se distinguen también por su ‘anatomía'”, indica Fahrig.

Así, “las bacterias, por ejemplo, cuentan con una pared celular real, así como con una estructura interna” y dentro de esta pared se encuentran el citoplasma, los ribosomas y el genoma bacteriano.

Mientras, los virus tienen una estructura más simple que, por regla general, consiste sólo de su genoma, cubierto por una envoltura proteínica, la cápside vírica.

Reproducción

Por otra parte, las células bacterianas se multiplican por regla general, al igual que las humanas, por división celular.

Antes de que una célula bacteriana pueda dividirse, copia su genoma, tras lo cual de la célula madre se forman dos células hijas, que a su vez también pueden dividirse.

En tanto, los virus no pueden multiplicarse por sí mismos, ya que al no tener citoplasma ni ribosomas, tampoco pueden copiar su genoma ni producir una envoltura.

Por eso, los virus atacan otras células, denominadas hospedadoras, en las que introducen su propia información genética que “reprograma” la de las células huésped para que éstas produzcan muchos nuevos virus, que luego abandonan las células infectadas.

Además, los virus carecen de metabolismo propio, por lo que no son considerados seres vivos, mientas que el de las bacterias puede diferir mucho entre los diferentes tipos.

Así, hay bacterias que para su metabolismo necesitan oxígeno, otras para las que el oxigeno es veneno; hay bacterias que precisan de luz para existir y otras, determinadas sustancias químicas, como por ejemplo, azufre.

Los virus y las bacterias se diferencian también en la manera en la que nos hacen enfermar, las bacterias, por ejemplo, por sus metabolitos -los productos del metabolismo-, que en parte pueden resultar tóxicos para el ser humano.

Los virus, en tanto, pueden, por ejemplo, destruir células en nuestro organismo durante su proceso de multiplicación o bien las células inmunitarias producidas por nuestro organismo pueden eliminar las células infectadas con el virus.

Cómo los virus y bacterias

Los antibióticos influyen y atacan las estructuras de las bacterias, por ejemplo su pared celular, y pueden conducir así a su su muerte“, o simplemente evitar que se multipliquen, señala Fahrig.

Dado que la pared celular de las bacterias tiene una estructura diferente a la membrana celular de las células humanas, los antibióticos sólo atacan a las primeras.

“No obstante, las bacterias son células independientes que pueden adaptarse a otras condiciones ambientales, por lo que también pueden desarrollar resistencia a los antibióticos“, puntualiza.

En tanto, como los virus no poseen metabolismo propio ni pared celular, los antibióticos no tiene capacidad alguna de atacarlos, aunque existen fármacos que permiten frenar los diferentes mecanismos de su multiplicación, como los medicamentos de acción virostática.

Sin embargo, en el caso de muchas infecciones víricas, como los resfriados, el tratamiento se limita a una terapia que por si misma no combate los virus, pero puede calmar los síntomas de la enfermedad, por lo que las defensas del propio organismos deben hacer el resto.

Vacunas

Las vacunas pueden proteger contra determinados virus y bacterias, pues al contener gérmenes patógenos debilitados o bien componentes inofensivos de los mismos, contribuyen a que el sistema inmunológico reconozca las estructuras extrañas y desarrolle anticuerpos contra estos agentes infecciosos.

“Esto es posible desde hace décadas con muchas enfermedades víricas como por ejemplo la poliomielitis. No obstante, en el caso del VIH o la hepatitis C todavía no se ha logrado debido a las complicadas características de estos virus”, señala Fahrig.

Ademas, algunos virus modifican su apariencia externa con gran rapidez, lo que dificulta el desarrollo de una vacuna.

Por esta razón, por ejemplo, cada año es necesario desarrollar una nueva vacuna contra la gripe.

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