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El cerebro y el arte, terapia de la emociones

Quedarnos absortos delante de un cuadro, cerrar los ojos al sonido de una melodía, dejar caer una lágrima con los créditos de una película, el arte entra en nuestras emociones para producirnos una reacción, cuyo origen se encuentra en la interpretación del cerebro sobre el mundo físico, de la que depende nuestra consideración sobre la belleza

El cerebro y el arte, terapia de la emociones
Una persona observa el cuadro de Anthony Brunelli "El Arno al atardecer" expuesto en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid.EFE/Zipi

Ante un mismo cuadro, miles de personas lo miran de reojo, cientos de ellas se detienen a observarlo y decenas lo estudian ¿por qué un cuadro produce la reacción de un grupo de personas e indiferencia en otras?

En busca de una explicación, el doctor en psicología Guillermo Fouce destaca el grado emocional y subjetivo del arte, que según el neurobiólogo e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Javier DeFelipe, se encuentran en la interpretación que el cerebro hace del mundo que le rodea, donde no existe la belleza, sino sólo la visión del cerebro sobre lo físico.

“La interpretación de lo bello es un análisis que el cerebro hace de lo que ve, en función de unos circuitos desarrollados a partir de la evolución y la cultura”, destaca DeFelipe.

En esta interpretación, el componente racional se encuentra en la influencia sobre nuestro concepto de arte, que surge de lo que sabemos o hemos leído acerca de la obra, mientras que las emociones aparecen cuando la obra rompe nuestro equilibrio interno, para no sernos indiferentes y movilizarnos hacia el placer o el rechazo.

La terapia artística de lo bello

Nota a nota. Letra e instrumentos. La música es un arte en el que los ámbitos racional y emocional se combinan para generar un estado de ánimo.

“Con los tres elementos de una canción; ritmo, melodía y letra, se puede trabajar en prevención, terapia e intervención de varias patologías”, señala Guillermo Fouce.

Partitura de La Traviata de Giuseppe Verdi, interpretada durante un evento en el parque La Araucana. Efesalud.com
Partitura de La Traviata de Giuseppe Verdi, interpretada durante un evento en el parque La Araucana. EFE/Mario Ruiz

La música, al igual que otras formas artísticas, se abre camino a través de nuestras emociones y las modifica, mediante una capacidad, que según añade el doctor en psicología, tan sólo es propia de unos pocos instrumentos como la palabra, el arte y los fármacos.

Las emociones surgidas de la letra de una canción, el ritmo de una sinfonía o los trazos de un cuadro permiten a los profesionales en psicología trabajar con personas que padecen:

  • Esquizofrenia, cuyos pacientes suelen mostrar grandes dotes para la pintura.
  • El dibujo permite a los niños traumatizados expresar lo que les está ocurriendo.
  • En personas con depresión, el arte se utiliza para alcanzar un estado de relajación y disfrute.

Estos efectos positivos derivan de la capacidad de lo bello para provocarnos emociones y relajarnos, lo que tiene su origen en su propia creación por parte del ser humano, quien es “el autor de la moral, la música y el arte, de todo aquello que le produce placer intelectual”, explica Javier DeFelipe.

La evolución del cerebro y el arte

Para llegar a producirnos placer, rechazo o relajación, la interpretación que el cerebro realiza sobre una pintura supone un largo proceso, desde la retina al cerebro, en el que la información se transforma a partir de pasos intermedios hasta activar las zonas relacionadas con la interpretación del arte, como la corteza parietal y la corteza prefrontal.

“Cuando lees u oyes música, se activan zonas de recompensa del cerebro que están relacionadas con funciones como satisfacer el hambre o el sexo”, explica el investigador del CSIC.

Ello nos genera un bienestar que se aleja de la función biológica de lo bello, como elemento para conseguir aparearse, y se acerca a un placer intelectual, que si bien no es necesario vivir, rodea todo nuestro mundo.

La interpretación del contexto exterior y de la belleza subjetiva que lo compone depende de conexiones cerebrales, en las que interviene nuestra educación y el entorno que nos rodea, hasta el punto que, como señalaba Ramón y Cajal, “todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”.

Una mujer observa el cuadro 'El grito' expuesto en el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York, EE.UU. Efesalud.com
Una mujer observa el cuadro ‘El grito’ expuesto en el Museo de Arte Moderno (MoMa) de Nueva York, EE.UU. EFE/Justin Lane

En el caso del desarrollo de los niños, “hoy manejamos la teoría de las inteligencias múltiples, no sólo la racional, y en una de ellas está presente la música”, señala el doctor Fouce.

Por ello, la posibilidad de influir en nosotros de lo que consideramos como bello depende, según Javier DeFelipe, de un entorno que ayude a disfrutar de la música y la lectura, a lo que el profesor Fouce añade la adaptación del arte a cada persona, sus conocimientos y su pasado.

Estos dos elementos, contexto y biografía personal, es lo que determina la capacidad de un cuadro o una melodía para relajarnos o actuar como una terapia, ante lo cual cada persona puede educar su inteligencia artística “como si fuera un músculo, ya que si no se practica, se atrofia”, advierte el doctor Guillermo Fouce.

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