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La rosácea se controla, pero no se cura

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El doctor Eduardo López Bran, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, nos hace un hueco en su agenda matutina para hablarnos de la rosácea, una enfermedad crónica e inflamatoria de la piel que afecta fundamentalmente a las mujeres de entre 30 y 60 años de edad, sobre todo durante la menopausia.

“Se exterioriza más en la zona central de la cara con rojeces y granos, incluso con pústulas, y, en menor medida, en los ojos y en los párpados, ya sea con picor, exceso de lágrimas o sensación de tener arena en la esclerótica”, dice.

La causa de la rosácea: pequeños capilares bajo la piel

Estos vasos sanguíneos se expanden dando lugar a un sonrojo o reflejo rosáceo en la epidermis, las más de las veces, en la frente, en la nariz (más en los hombres con abultamiento), en las mejillas o en la barbilla, acompañado de cierta hinchazón y lesiones cutáneas.

En la zona ocular, los párpados se inflaman y los ojos se tornan más sensibles a la luz. El picor, las lágrimas, la visión borrosa y la sensación de tener arenilla en la esclerótica o la córnea se hace más patente durante las crisis de esta patología.

Las mujeres de piel blanca, entre los treinta y los sesenta años de edad, suelen ser las más afectadas, sobre todo en su etapa de la menopausia. Si tienden a ruborizarse tendrán más probabilidades, aunque se piensa en un origen básicamente hereditario.

“Los dermatólogos tenemos soluciones eficaces para controlar la rosácea, aunque todavía no somos capaces de curarla definitivamente -asegura el doctor López Bran-. Podemos conseguir que la rosácea permanezca latente y no se exterioricen los síntomas de la enfermedad que tanto impactan en la autoestima y las emociones de las pacientes”.

El tratamiento de la rosácea: antibióticos y vida sana

“El tratamiento de mayor eficacia se hace con antibióticos. O bien se aplican sobre las zonas en las que aparecen las lesiones mediante cremas y geles, o bien, cuando la intensidad de la rosácea es considerable, se usan por vía oral”, señala el dermatólogo.

La tecnología láser y la electrocirugía eliminarán los capilares responsables de este enrojecimiento difuso en la cara.

Para los ojos, medicamentos, como gotas con esteroides, y limpieza aséptica varias veces al día en toda la zona.

“A la vez, son necesarios los autocuidados preventivos, que ayudarán al paciente a convivir pacíficamente con la rosácea, sin que sea un problema agobiante”, apunta.

“Hay que evitar las comidas y las bebidas muy calientes, los productos picantes y la ingesta de alcohol. La dieta debe ser equilibrada, como la mediterránea, y tener un ritmo adecuado de vigilia y sueño, alejándonos de la ansiedad y del estrés”, especifica.

“Huiremos de los cambios bruscos de temperatura y de la exposición al sol sin fotoprotección UV-A, factor superior a 15 y mejor de 50 en verano. El sol es bueno, pero hay que recibirlo con cariño y suavidad”, añade.

Para el doctor Eduardo López Bran, en cualquiera de los casos, lo importante es que las personas que sufren la rosácea estén bien respaldadas por su dermatólogo de confianza; un especialista que les ayudará siempre a tener una piel sana y, de paso, una sonrisa dibujada en sus labios.

El doctor Eduardo López Bran.

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