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Informativo SEOM: cáncer de próstata, cáncer de varón

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La doctora Aitana Calvo Ferrándiz y el doctor Guillermo Velasco Oria de Rueda, secretarios científicos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), ponen el foco divulgativo en el cáncer de próstata, un proceso tumoral “lento”, muchas veces asintomático, que afecta a los hombres mayores de 60 años, aunque puede manifestarse, cada vez más, en varones jóvenes.

La próstata es una glándula del aparato reproductor masculino que se encuentra por debajo de la vejiga -bolsa que almacena la orina- y delante del recto -último tramo del tubo digestivo-. Además, rodea a la uretra, conducto que transporta la orina y el semen que llega de las vesículas seminales.

El tamaño benigno o maligno de la próstata

La función principal de la próstata es ayudar al semen a salir al exterior, bañándolo con líquido, pero también cerrar el paso a la orina durante la eyaculación y el coito, evitando infecciones, y ocluir los conductos seminales durante la micción.

El aumento de tamaño de la próstata es muy común después de los 50 años. Muchos hombres padecen prostatitis (ardor al orinar, fiebre, cansancio), una inflamación causada por bacterias, o hiperplasia benigna de próstata (HPB).

Cuando la próstata padece una neoplasia maligna hablamos de cáncer, responsable de 30.00 nuevos casos al año en España y un millón en todo el mundo.

Según el último estudio de la SEOM, lo desarrollan uno de cada siete varones. Los pacientes llegan “con incertidumbre” a la consulta de oncología, quizá temerosos de perder su virilidad.

La doctora Aitana Calvo señala los síntomas comunes del cáncer de próstata, muy similares a la HPB.

“Dificultad para orinar, con flujo débil, micción dolorosa, frecuente y muchas veces urgente; no se pueden aguantar. Además, nicturia o necesidad de ir al baño varias veces por la noche; incluso se les escapa la orina”.

Estos tumores también muestran sangre en la orina y en el semen.

El diagnóstico se efectúa mediante tacto rectal (palpando el contorno de la próstata desde el recto), biopsia transrrectal (se extrae tejido prostático a través del recto), PSA (análisis de sangre para detectar el antígeno prostático), radiografía, ecografía, uroflujometría y citoscopia.

En el 90% de los casos se diagnostica en fase temprana, con síntomas, mientras que en el 6% el cáncer ya está localmente avanzado y en el 4% restante ya se ha producido metástasis.

“El diagnóstico precoz, sin síntomas, no aumenta la supervivencia debido a que es un tumor de muy lenta evolución. Cuando afecta a personas de muy avanzada edad, con tumor localizado, no será preceptivo un tratamiento anticancerígeno. Estos pacientes no llegarán a fallecer por esta enfermedad”, informa la oncóloga médico.

El tratamiento del cáncer de próstata

“Como ocurre en la mayoría de los tumores malignos, es disciplinas. Distintos especialistas trabajan juntos para combinar terapias individualizadas y ofrecer al paciente las mejores alternativas de curación dependiendo del estadio de la enfermedad”, destaca el doctor Guillermo de Velasco.

Los especialistas tendrán en cuenta si existen otras enfermedades concomitantes que puedan dificultar los tratamientos y la edad del paciente, “ya que todos padeceremos un cáncer de próstata, por culpa de los andrógenos -hormonas masculinas-, si llegáramos a vivir 100 años”, expone.

Contra el cáncer prostático, a veces de origen genético, caben la observación, la cirugía, la radioterapia, la hormonoterapia y la quimioterapia.

“Un 80% de los pacientes con cánceres de baja agresividad sobreviven alrededor de diez años sin tratamiento. Solo vigilamos al tumor”, observa el médico oncólogo.

La cirugía y la radioterapia solventan los tumores muy localizados.

“Con la prostatectomía radical, vía robótica, laparoscópica o de cirugía abierta, se extirpa por completo la próstata. Es fundamental la experiencia del urólogo para evitar consecuencias en la vida sexual -disfunción eréctil-, o incontinencias urinarias y fecales”, subraya.

“La radioterapia externa elimina el tumor con los rayos que emite un acelerador lineal -rompen el ADN de las células tumorales-. La braquiterapia, radiación interna, utiliza semillas radiactivas, permanentes o temporales, colocadas en el interior de la próstata”, explica.

En tumores con mayor diseminación se emplea la hormonoterapia, a veces en combinación con la radioterapia.

“Se priva al paciente de la testosterona, un andrógeno que estimula sus caracteres sexuales-. Los hombres sienten sofocos y yo les digo que es su etapa menopáusica”, expresa.

En fase metastásica, normalmente extendida a los huesos, la terapia hormonal se complementa con quimioterapia: “Es muy importante para controlar el tumor y dar mayor esperanza de vida a los enfermos”, apunta.

“El fármaco rádium y las hormonas de segunda generación también están aumentado la supervivencia. Conseguimos hacer crónica esta enfermedad”, concluye el médico oncólogo Guillermo de Velasco.

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