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Historias cardíacas: la revolución médica de los siglos XVIII y XIX

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El doctor Carlos Macaya Miguel, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Clínico San Carlos y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), nos cuenta los hechos más relevantes de la Historia de la Cardiología: en este quinto capítulo nos traslada a la modernidad de los siglos XVIII y XIX, donde la tecnología se pone al servicio de la Medicina con el fin de auscultar hasta el más mínimo detalle interior del cuerpo humano.

“En el siglo anterior habíamos llegado, aparentemente, a los confines del conocimiento sobre la anatomía. La circulación sanguínea menor o pulmonar y la mayor o sistémica ya se habían descrito con gran precisión por Miguel Servet y William Harvey. Los siglos XVIII y XIX desvelarán el mundo oculto del ser humano. Es la época de la tecnología aplicada a la Medicina.

Del microscopio a las bacterias

El alemán Rudolf Virchow (1821-1902) descubre y describe la célula con la ayuda del microscopio y de los tintes. Desarrolla el concepto de la patología celular. Suya es la frase ‘omnis cellula e cellula’ -toda célula proviene de otra célula-.

El microscopio permite, a la vez, identificar claramente el papel de los agentes externos, que son capaces de invadir y dañar nuestras células. Estos agentes resultan ser microorganismos; son bacterias, hongos o parásitos; más tarde los virus. Se les da el nombre de sus descubridores, como el bacilo de Koch, causante de la tuberculosis.

Pero fue Louis Pasteur (1822-1895) el padre de la microbiología. Desarrolló la teoría germinal de las enfermedades infecciosas y nos condujo a las vacunas. A partir de ahí, se desarrollarán, ya en el XX, los antibióticos, sobre todo por Alexander Fleming (1881-1955) y su penicilina, o Selman Waksman (1888-1973), atribuyéndose el descubrimiento de la estreptomicina que había hecho su alumno Albert Schatz.

En el siglo XIX se añaden componentes químicos para paliar el dolor corporal, como el óxido nitroso, el éter, el cloroformo, con algodón de forma local. Los dentistas son los primeros en utilizarlos y demostrar su acción. Luego se aplicará en las intervenciones quirúrgicas. Al final de siglo o principios del XX se introducen sedantes por la vena y se consigue crear la disciplina de la Anestesiología, que permitirá el desarrollo de la cirugía a gran escala.

También se avanza en la inmunología tanto a nivel celular como humoral -líquidos del organismo-, lo que dará lugar a la identificación de numerosas enfermedades, como la mayoría de los problemas reumáticos (artritis y fiebre reumática), digestivos (colitis ulcerosa) o respiratorios (asma).

El estudio de las grandes epidemias de los siglos pasados, que arrastraban millones de muertos, dio lugar a la disciplina de la Epidemiología que tanta importancia actual tiene en salud pública y en la prevención de las enfermedades, fundamentalmente infecciosas.

Las leyes de Gregor Johann Mendel (1822-1884), añadido al descubrimiento posterior de los cromosomas y de los genes, se convertirán en el origen de la genética, punta de lanza del siglo XXI.

Otro alemán, Conrad Rontgen (1845-1923), descubre y desarrolla los rayos X y, por tanto, la Radiología, clave de la Traumatología, sobre todo durante las dos grandes guerras del siglo pasado.

La técnica endoscopia comenzó con el otoscopio para ver el oído y le siguieron el laringoscopio, el esofagoscopio, el gastroscopio o el colonoscopio. Su continuo desarrollo va a dar lugar a que no solo sean técnicas diagnósticas, sino que sean también terapéuticas. Su máximo exponente actual es la cirugía laparoscópica.

El protagonismo de la cardiología

El británico William Heberden (1710-1801) describe de forma exquisita la clínica de la angina de pecho, dolor y enfermedad de las arterias coronarias. El francés René Laënnec (1781-1826) desarrolla el estetoscopio que permite auscultar el pulmón y el corazón con los que oír el paso del aire o los soplos y ruidos cardíacos. Es una herramienta diagnostica que todavía lleva el médico en su maletín.

El holandés Willen Einthoven (1860-1927), un médico militar, desarrolla en 1906 el primer electrocardiógrafo, un armatoste muy complejo que facilitará las aplicaciones clínicas del electrocardiograma. Fue Premio Nobel en 1924.

Además, se introducen medicamentos.

El primero, que se obtiene de la planta digitalea purpurea, es la digital, que se usa en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Más tarde, la nitroglicerina, como vasodilatador y tratamiento del infarto agudo de miocarido, y el nitrito de amilo, para aliviar la angina de pecho.

En resumen, este periodo de modernidad nos conduce a un conocimiento más profundo, racional y científico del funcionamiento del cuerpo humano”, concluye el catedrático de Cardiología.

Desde Biblioteca de la Historia de la Medicina de la Universidad Complutense, el doctor Carlos Macaya anticipa el contenido del sexto capítulo: La gran esperanza para la vida del siglo XX.

El catedrático de Cardiología, Carlos Macaya Miguel. EFE/Michel

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