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La cuenta atrás de la presbicia

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El doctor Jorge Alió Sanz, director científico de Vissum y catedrático de Oftalmología de la Universidad Miguel Hernández de Elche (Alicante, España), nos avanza, “en primicia”, dos soluciones innovadoras para remediar la presbicia o vista cansada: unas lentes acomodativas intraoculares, no multifocales, que ya disfrutan algunos pacientes; y un colirio, en última fase de investigación, que conseguirá, con dos o tres gotas diarias, que nos olvidemos de las gafas.

La presbicia se origina cuando nuestro cristalino, lente natural que tiene el ojo para enfocar los objetos en la retina, sufre un proceso de deterioro progresivo, por envejecimiento, que implica, por un lado, la pérdida de elasticidad de su cápsula anterior (detrás del iris), necesaria para cambiar su curvatura, y por otro, la merma de contracción en los músculos ciliares, responsables, también, de ese cambio de la forma lenticular.

La decadencia del cristalino

En unos pocos miles de años, el homo sapiens, única especie humana que pervive en la actualidad, ha pasado de otear el horizonte con ojos adaptados a la supervivencia, especialmente para eludir a sus depredadores o buscar alimentos proteínicos, a necesitar unos ojos capaces de aguantar el impacto físico de las pantallas móviles pegadas a su cara… y las gafas de la presbicia, le sobran.

Si a este hecho insoslayable, puro neorrealismo virtual, le añadimos los datos de esperanza de vida en gran parte del mundo, sobre todo en los países desarrollados económicamente, chocamos con una realidad sin precedentes: alrededor de mil millones de personas padecen presbicia en diferentes grados y para el año 2020 se espera una cifra récord de mil cuatrocientos millones de habitantes con vista cansada.

Imagen tridimensional con medidas reales de la córnea y el cristalino.
Imagen tridimensional con medidas reales de la córnea y el cristalino. Fotografía cedida por el CSIC.

Este envejecimiento corporal afecta por igual al cristalino, que está situado detrás del iris y la pupila (reguladora del paso de la luz). Es transparente, flexible y no contiene vasos sanguíneos. Más convexo por su zona retinal que por la parte corneal, está recubierto por una especie de piel, una capa finísima de cristaloide.

Desde que nacemos evoluciona y crece, pasando de un espesor aproximado de 3,5 milímetros nada más abrir los ojos el bebé hasta los 4,5 cuando su cansancio por vivir, enfoca que te enfoca, se une a las arrugas de los párpados. El diámetro durante este intervalo temporal va desde los 6 a los 9,5 milímetros.

Acomoda al ojo para adaptar la visión a todas las distancias, lejanas, medias y próximas. Con sus 20 dioptrías (a las que hay que sumar las de la córnea) enfoca la luz con gran precisión en la mácula de la retina, pero es incapaz de hacerlo con objetos que estén a menos de siete centímetros de distancia al ojo.

Con la edad, a partir de los 45 años, el 100% de las personas estirarán sus brazos, cada cierto tiempo un poco más, para leer un periódico, un libro, una etiqueta del supermercado, la carta de un restaurante, un correo electrónico en la tableta o un mensaje de wasap en el móvil.

Si tus hombros no dan más de sí, es la hora del oftalmólogo y de un cristal graduado, aproximadamente con una dioptría o dioptría y media.

“La vista cansada o presbicia no es una enfermedad y no ocurre de repente, solo es un proceso degenerativo natural del ojo. Ya no podemos leer a una distancia de 30 o 40 centímetros y la luz que entra por la ventana no es suficiente. Además, sentiremos fatiga ocular, cierta angustia ante los números o las letras, incluso dolor de cabeza”, señala el doctor Jorge Alió.

Soluciones del momento, y casi del futuro, a la presbicia

Sobre los 60 o 65 años de edad alcanzamos las tres dioptrías, tope normal de la presbicia para los que fueron emétropes -personas sin patologías oculares-. Y cuando lleguemos al final de nuestros días nos daremos cuenta de que habremos olvidado las gafas centenares y centenares de veces sobre el reposabrazos de nuestro sillón favorito.

Los ojos de una mujer que necesita gafas para la leer-efe
Los ojos de una mujer que necesita gafas para la leer. EFE/David Talles

Usar gafas para leer parece lo menos indicado, más aún cuando nuestra imagen personal parece sacada de un negativo fotográfico de mediados del siglo XX. Te pasas el resto de tu vida agachando el cuello, con las gafas de lectura apoyadas en medio de la nariz, con el fin de no perderte la última pirueta televisiva o de responder al comentario jocoso de tu colega de la oficina.

“La oftalmología, y en particular Vissum, solo desea mejorar la calidad de vida de los pacientes con presbicia, y, por lo tanto, buscamos, como sucede en todas las patologías oculares descritas, eliminar las gafas para ver de cerca. Hay que desterrar la sumisión humana a las gafas”, opina el doctor Alió con absoluta rotundidad.

De momento, existen diferentes opciones quirúrgicas como el implante de un “inlay” intraocular en la córnea o el láser Excimer, con sofware PresbyMax patentado por Vissum. Se practica una monovisión -ojo dominante a cero dioptrías para ver de lejos y otro con miopía más o menos a dioptría y media para ver de cerca- y es reversible.

En mayores de 50 años se aconseja la extracción del cristalino y el recambio por una lente artificial, monofocal o trifocal.

“Con lente monofocal, en monovisión, ven mejor y están más cómodos que tratados solo con láser Excimer. Con la lente trifocal resolvemos la lectura más cercana y la visión a distancias lejanas. En Vissum utilizamos las mejores lentes para ofrecer la mejor calidad de vida a cada uno de los pacientes”, apunta el oftalmólogo.

¿El fin de las gafas ya está aquí?

De los millones de habitantes del planeta que padecen presbicia, son pocos, todavía, los afortunados que gozan de la libertad de no llevar las gafas en el bolsillo de la chaqueta, en la mochila o en el bolso de mano. Tienen implantadas en sus ojos las lentes acomodativas, rabiosamente vanguardistas.

Ojo con lente acomodativa Lumina de Vissum.
Ojo con lente acomodativa Lumina (Vissum).

“Restauramos la acomodación que tenía el cristalino en relación con el cuerpo ciliar del ojo. Dos lentes solapadas se mueven en un plano perpendicular al eje óptico. Estas lentes enfocan a cualquier distancia, tanto a lo lejos como de cerca, sin ser multifocales, evitando así los inconvenientes de los focos variables que sufren algunos pacientes debido a los halos o a la mala calidad de visión resultante tras la operación, en otros casos”, dice.

“Las lentes intraoculares acomodativas “Lumina” están desarrolladas al 100% por Vissum y la empresa holandesa Akkolens, y el dispositivo se introduce con una técnica quirúrgica especial, inyectado, también de Vissum”, destaca.

En España, no solo se emplean en las clínicas lideradas por el doctor Jorge Alió, sino que lo hacen centros de referencia mundial como la Clínica Barraquer de Barcelona o el Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid.

El periodista de efesalud, Gregorio del Rosario, entrevista al oftalmólogo de Vissum, Jorge Alió Sanz.
EFEsalud entrevista al Dr. Jorge Alió. EFE/Michel

Pero hay más, y posiblemente mucho mejor; un colirio en última fase de investigación que promete la felicidad total del lector o de los apasionados al teléfono móvil.

“Estamos trabajando en una solución no quirúrgica a la presbicia. Consiste en el uso de un colirio -fármaco- que permite, con dos o tres gotas al día, estar mejor sin gafas para ver de cerca o no usarlas, tanto para los que tengan ya esta necesidad como para aquellos que tengan pocas dioptrías”, avanza en primicia para efesalud el doctor Jorge Alió .

“Además, podrá ser una gran ayuda para quienes no quieran depender tanto tiempo de sus gafas con presbicia avanzada”, añade.

Las noticias son alentadoras, pero esta maravilla de colirio está pendiente del obligatorio estudio en humanos.

“Es una evolución innovadora a a partir de fármacos comercializados para la dilatación de la pupila o para tratar problemas mecánicos del ojo. Lo podrán usar todos los pacientes con presbicia y también los pacientes operados con cirugía refractiva”, nos aclaran desde el centro de investigación de Vissum.

Y si de algo sabe el homo sapiens es de superación continua ante las adversidades o de retarse a sí mismo una y otra vez para conseguir sus objetivos. El sapiens no da ni un paso atrás en su horizonte… aunque le debamos tantísimo al monóculo, a las gafas y a las lentillas.

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