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Historias cardíacas: de los infartos del XX al marcapasos virtual del XXI

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El doctor Carlos Macaya Miguel, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Clínico San Carlos y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), nos cuenta los hechos más relevantes de la Historia de la Cardiología: en este sexto capítulo comienza en el portentoso, osado e imaginativo siglo XX y nos lleva hasta la vertiginosa realidad tecnológica de hoy en día, un periodo de esplendor médico basado en la defensa de la vida.

Las dos guerras mundiales, inhumanas y terroríficas, sin parangón en el pasado o en el presente, consiguieron acelerar, al menos, el perfeccionamiento constante de la tecnología de vanguardia y la investigación farmacológica contra las múltiples enfermedades que nos asolan, muchas de ellas incurables, especialmente del aparato cardiovascular.

Evolución imparable de los procedimientos diagnósticos

Del aparatoso electrocardiógrafo del holandés Einthoven se ha pasado en poco más de cien años a equipos cada vez más simples de electrocardiografía, que caben en un maletín; son capaces, incluso, de interpretar arritmias del corazón de forma automática. En un futuro, casi presente, se podrán realizar lecturas fiables del ritmo cardíaco con los teléfonos móviles inteligentes (smartphones) que llevamos todos y todas en nuestro bolsillo.

A su vez, el desarrollo de los rayos X permitió visualizar la silueta cardíaca e inferir ciertos aspectos anatómicos del corazón. Pero fueron unos médicos “atrevidos”, ayudados por los rayos X, los que introdujeron unos tubos de plástico (catéteres) por las venas y las arterias y llegaron a las puertas del mismísimo corazón. Se inventó el cateterismo cardíaco.

El alemán Werner Forssmann (1904-1979), el francés André Cournand (1895-1988) y el americano Dickinson W. Richards (1895-1973), cuestionados inicialmente por la comunidad médica, recibieron el premio Nobel de Medicina en el año 1956.

arteria coronaria con ateroesclerosis
Ateroesclerosis. EFE/GRB

El cateterismo cardíaco fue un gran hito en la cardiología, nos permitió conocer toda la fisiología del corazón, las presiones de las cavidades o tomar muestras de sangre; y cuando más tarde se inyectó contraste intravenoso se consiguió visualizar la anatomía y el funcionamiento del músculo cardíaco, sus válvulas o el estado de las arterias coronarias; estudio que se llama coronariografía.

Gracias al cateterismo, a finales del siglo pasado, y utilizando otro tipo de catéteres, se comenzaron a tratar enfermedades del corazón, desde malformaciones congénitas hasta problemas en las válvulas y, especialmente, las obstrucciones de las arterias coronarias, dando origen a lo que se llamaría en los años 80 la Cardiología Intervencionista.

También el sonar-radar de los submarinos de la II Guerra Mundial se aplicó a la medicina. Estos ultrasonidos, emitidos por una sonda en diferentes intensidades, rebotan en el cuerpo humano y se transforman en imágenes. Esta es la razón por la que se denominan ecógrafos, utilizados en muchas especialidades.

En la cardiología aportarán una información anatómica fundamental, que se enriquecerá con la información fisiológica que añade la técnica Doppler y que hoy se conoce como Ecocardiografía-Doppler.

Estas máquinas diagnósticas fueron unos armatostes en su época inicial, pero el desarrollo tecnológico las ha ido reduciendo en tamaño, haciéndolas portátiles y aumentando su capacidad informativa, contribuyendo a facilitar imágenes del corazón en todas sus dimensiones.

Parámetros e imágenes del corazón registradas por un ecocardiógrafo.
El corazón analizado por un ecocardiógrafo doppler. EFE/GRB

La imagen en medicina, y especialmente en cardiología, se ha perfeccionado, aún más, con el desarrollo de los grandes equipos de los servicios de Radiología: los escáneres o TAC (tomografía axial computerizada), que utilizan radiación, y la Resonancia Magnética Nuclear (RNM), que no precisa radiación y aporta información anatómica y fisiológica complementaria.

Los hitos terapéuticos más relevantes de la cardiología

El mayor conocimiento de la fisiopatología de las enfermedades cardiovasculares ha dado origen al desarrollo de fármacos, muchos de ellos específicos para las enfermedades que afectan al corazón, fundamentalmente en los últimos 30 años del siglo pasado.

Además de la antigua y clásica digoxina, se desarrollaron los diuréticos (Seguril, tiazidas, espironolactona, etc.), los vasodilatadores (nitratos, cafinitrina, diltiazem, verapamilos, dihidropiridinas, etc.), los betabloqueantes (propranolol, bisoprolol, atenolol etc.), los antihipertensivos directos (inhibidores de la ECA, ARA II, etc.), los hipolipemiantes (estatinas), los anticoagulantes (heparinas, sintrom, nuevas moléculas anticoagulantes, etc.), los antiagregantes (aspirina, clopidogrel, etc.).

Pacientes comprando medicinas.
Pacientes comprando medicinas. EFE Televisión.

Hemos llegado a medicalizar a la población, especialmente la que padece enfermedad cardiovascular, pero en los últimos 30 años se ha mejorado su calidad de vida, reduciendo la tasa de mortalidad por dicha enfermedad en casi un trescientos por ciento; aproximadamente se mueren 150 pacientes por cada 100.000 habitantes por los 450 de antaño.

El diagnóstico de parada cardíaca y el mantenimiento de la circulación de la sangre con el masaje cardíaco dio origen, en la segunda mitad del siglo pasado, a la desfibrilación eléctrica del corazón.  Es la resucitación mediante una descarga eléctrica a través de unas palas colocadas en el pecho del paciente.

Más tarde se desarrollaron unos dispositivos, con pilas, que se colocaban debajo de la piel. A través de unos cables, se estimula directamente el músculo cardíaco. Son los marcapasos, que evitan de esta forma los bloqueos y paradas del corazón.

El desarrollo tecnológico ha permitido que ambos dispositivos mejoren de forma espectacular y hoy en día disponemos de desfibriladores externos en las calles, grandes centros comerciales o aeropuertos; incluso se implantan en algunos pacientes de alto riesgo y funcionan de forma inteligente y automática, diagnosticando la arritmia maligna y actuando inmediatamente sobre el músculo cardíaco.

Los marcapasos se miniaturizan constantemente; la vida de sus baterías se ha prolongado hasta los quince años; son más inteligentes a la hora de actuar y ya los hay que estimulan al corazón sin necesidad de cables.

Después de la II Guerra Mundial, gracias al  virtuosismo de la anestesia general y a la identificación de los grupos sanguíneos para poder transfundir sangre, se avanza de forma imparable en cirugía cardíaca, primero sobre las válvulas mitral y aórtica.

Cuando se inventa la maquina extracorpórea de corazón y pulmón, y se consigue detener por unos minutos el funcionamiento del corazón, se implantan las válvulas artificiales (prótesis).

Cirugía de implante de bomba cardíaca.
Cirugía de implante de bomba cardíaca. Imagen cedida por la CAM.

 

Más tarde, René Favoloro (1923-2000) inicia la cirugía de baipás coronario, que tanto éxito y vidas ha salvado a la tan extendida enfermedad coronaria en los países más desarrollados económicamente. Por la misma época comienzan los primeros trasplantes cardíacos siendo pionero el cirujano Christiaan Barnard (1922-2001), en Sudáfrica.

Pero la cirugía cardíaca, en especial la coronaria y después la valvular, se va a llevar una gran sorpresa. Aparecen alternativas menos agresivas y por lo tanto más atractivas. Se trata de la angioplastia coronaria o dilatación de las obstrucciones mediante el inflado de un balón alojado en el extremo de un catéter y esto lo hace por primera vez Andreas R. Grüntzig (1939-1985) en Suiza, en septiembre de 1977.

Angioplastia coronaria con balón.
Angioplastia coronaria con balón. EFE/GRB

En los años 80 se generaliza su uso y la mayoría de los pacientes no tienen que sufrir cirugías invasivas a través del tórax; al día siguiente de la intervención vuelven a su casa. En la actualidad se tratan la mayoría de los pacientes coronarios con esta técnica, hasta siete veces más que con cirugía de baipás.

En resumen, todos estos avances médicos nos llevado a lo que es la cardiología actual. Además de un conocimiento más profundo, racional y científico del funcionamiento del corazón y su forma de enfermar, así como medidas para prevenir la enfermedad, ha puesto a nuestra disposición un enorme arsenal de herramientas diagnósticas y terapéuticas para las enfermedades cardiovasculares, concluye el catedrático de Cardiología de la UCM.

Desde Biblioteca de la Historia de la Medicina de la madrileña Universidad Complutense, el doctor Carlos Macaya Miguel anticipa el contenido del séptimo y último capítulo: El intervencionismo cardíaco, vanguardia e innovación mínimamente invasiva en la lucha contra las enfermedades cardiovasculares.

Angioplastia con el Dr. Macaya en el Hospital Clínico San Carlos

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