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¿Apago o lo hacemos con luz?

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La psicóloga clínica, Miren Larrazabal Murillo, pulsa el clic de nuestro instinto erótico para sugerirnos desde la cama de su dormitorio que las relaciones de pareja se regeneran si cuidamos el ambiente que nos rodea con detalles de sensualidad: temperatura agradable, sábanas algodonadas, flores impetuosas, fragancias de romance, algo de música envolvente y, sobre todo, una iluminación atenuada al gusto del dúo amoroso, que destaque los cuerpos desnudos o despierte la imaginación.

Para Miren “la luz puede ser un factor decisivo cuando entra en juego el erotismo. Muchas personas se mueven con habilidad en la oscuridad profunda del edredón; sin embargo, otras tantas prefieren hacer el amor para ser vistos o admirar la belleza corporal de su pareja, favoreciendo una creatividad sexual exterior”.

Con luz o sin luz, pero sexo con amor

La erótica de la mirada se acomoda entre las parejas que gozan al ver la excitación facial de su media naranja, de contemplar su cuerpo desnudo, de verse a sí mismo en un espejo dispuesto en el mejor ángulo voyerista, de sentirse observado durante la excitación más manual o en el juego del sugerente estriptís.

“Quienes se muestran orgullosos de mostrar su cuerpo y mantienen una relación de gran confianza con su pareja sexual, son capaces de disfrutar admirando y estimulando zonas erógenas sin ningún tipo de rubor”, afirma la sexóloga.

La mayoría de las parejas gustan del tacto, del sabor o de los olores corporales, y suelen dar rienda suelta a la imaginación, muchas veces estimulada por los sugerentes gemidos; pero hay quienes esconden su cuerpo por timidez o cierta vergüenza, especialmente si se encuentran en fases iniciales de una relación.

“Algunos esgrimen razones poderosas o insalvables y un buen número se atiene a sus convicciones morales o a sus miedos sexuales. La excitación corre a cargo de lo que se adivina. Los amantes se buscan con las caricias o los labios, favoreciendo un encuentro amoroso más pausado, donde se retrasa la estimulación directa de los genitales”, señala.

Sin la luz se esconden mejor los que no están contentos con sus propias curvas o con sus ‘defectillos’ naturales… se entregan al otro sin sentirse evaluados por el atractivo físico. Detrás de las tinieblas se ocultan los complejos y la baja autoestima.

La oscuridad también sirve de escenario para las disfunciones sexuales, ya sea para retrasar gestos y miradas inevitables o para resolver el problema sin las prisas del orgasmo, disminuyendo la ansiedad anticipatoria que padecen los hombres o reduciendo la inhibición de las mujeres al sentirse examinadas durante el coito.

Sin luz o bajo la luz del sol en primavera, de la luna llena en verano, de la luz de una farola en otoño o de una vela violeta en invierno, lo importante es conocerse a uno mismo y saber por qué y para qué utilizamos nuestros sentidos. “Sean cuales sean los motivos, lo inteligente es dar y recibir amor”, se regocija.

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