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Alimentos ecológicos: ¿Por qué no consumimos más?

Los alimentos de agricultura y ganadería ecológica se obtienen con técnicas respetuosas con el medioambiente y con la salud de los consumidores. España es líder en producción ecológica, pero está a la cola a la hora de consumir estos productos más sanos y sabrosos.

Alimentos ecológicos: ¿Por qué no consumimos más?
EFE/Kai Försterling

Alimentos ecológicos, biológicos, orgánicos…Mensajes en las etiquetas de los alimentos que se asocian a una producción alejada de agentes químicos y contaminantes y que deben llevar el sello de calidad que lo certifica.

Unos productos más sanos que los convencionales y con diferencias en sus propiedades nutritivas y organolépticas, según evidencias científicas que señalan los expertos.

Dolores Raigón, ingeniera agrónoma y catedrática de Escuela Universitaria de la Universidad Politécnica de Valencia, explica que las diferencias nutricionales dependen del tipo de alimento.

“En las carnes, por ejemplo, radican en el contenido de proteínas o en el perfil de grasas”, ya que las procedentes de ganadería ecológica presentan más ácidos grasos insaturados, que son más saludables que los saturados de las carnes convencionales, señala la también presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica.

En los vegetales, la diferencia está marcada por el contenido en vitaminas, minerales, sustancias antioxidantes… “En hortalizas ecológicas de hoja (lechugas, acelgas, espinacas..) hemos encontrado mayor presencia de magnesio, calcio o potasio. O en pimientos o frutos cítricos, por ejemplo, hay más vitamina C y sustancias antioxidantes”.

Más sabor, mejor conservación y un aspecto diferente

La agricultura ecológica preserva el medioambiente y la salud del consumidor. EFE/David Aguilar

Los productos de agricultura ecológica también tienen un sabor más intenso, como los de las huertas de nuestros abuelos. “Las diferencias de sabor vienen marcadas, entre otros aspectos, por la presencia de determinadas sustancias que se sintetizan en el alimento ecológico y que son de mayor concentración por las técnicas empleadas. Por ejemplo, existe un respeto a los momentos de recolección, se espera al momento de mayor equilibrio entre ácidos y azucares y eso significa un respeto por el ciclo productivo”, señala la especialista.

Los sistemas de producción convencional abusan de fertilizantes químicos de síntesis, sobre todo de nitratos, que hacen que la planta alcance un alto contenido en agua, por lo que las sustancias que dan sabor “estarán más diluidas”, apunta Dolores Raigón.

En condiciones naturales, es decir sin estar sometidos a conservantes artificiales, los productos ecológicos se mantienen mejor que los convencionales, pero su aspecto puede ser algo diferente. “Las lechugas convencionales, por ejemplo, como llevan tanto aporte de nitratos se presentan más vigorosas”, señala la experta.

Los disruptores, unos extraños en nuestro cuerpo

Los productos ecológicos presentan alta calidad nutricional y organoléptica, algo que les hace más beneficiosos para la salud. Y eso lo alcanzan gracias a técnicas reguladas por la normativa europea que, entre otros aspectos, prohíbe determinados productos químicos, aboga por una fertilización orgánica mejor que por la mineral y por prácticas que prevean las plagas y eviten los consiguientes tratamientos.

Pero entonces….¿Qué ocurre con los productos convencionales cuyas técnicas de producción clásicas no se rige por normativa que persigue preservar el medioambiente?

Esos alimentos están más expuestos a diferentes agentes contaminantes que originan “unos componentes denominados disruptores metabólicos o endocrinos, unas moléculas que el organismo no cataboliza de forma adecuada y que se convierte en un elemento extraño que puede afectar al funcionamiento de las células”, explica Jesús Rodríguez Huertas, catedrático de Fisiología y director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada.

Tóxicos que atacan la fertilidad
Trabajadores de una granja de Tailandia fumigan con pesticida las plantas de arroz. EFE/Barbara Walton

Pesticidas, contaminación, hormonas de crecimiento…Cualquiera de estos disruptores entran en nuestro organismo en mínimas concentraciones a través de los alimentos, del aire o del agua y, al no poder ser eliminados al carecer de vías catabólicas específicas para ello, sufren un proceso de biotransformación en el hígado que puede ocasionar a largo plazo enfermedades como el cáncer o aquellas que deprimen el sistema inmunitario.

“Un tomate cultivado en zonas contaminadas puede presentar mayor concentración de añadidos de metales pesados, de productos de combustión, de humos, dioxinas…”, señala el fisiólogo quien asegura que en el laboratorio se detectan las diferencias entre los alimentos ecológicos y los convencionales, aunque en realidad un alimento puro y libre totalmente de contaminantes no existe y la tendencia es intentar minimizarlos.

Según el director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos, “se está avanzando mucho en la agricultura desde el punto de vista de la tecnología, cada vez se imponen más los métodos biológicos para prevenir plagas, garantizar el crecimiento y minimizar el impacto negativo. En veinte años hemos mejorado mucho en calidad”, subraya.

¿Por qué son más caros?

Una calidad que en el caso de los productos ecológicos se nota en el bolsillo.

“Para que un productor ecológico pueda diferenciarse en el mercado tiene que pagar para que le certifiquen su producto. Le cuesta ser ecológico tanto por las prácticas, como por los productos que pueden utilizar frente a otros que son más baratos. En cambio el productor convencional no tiene que pagar por esa distinción”, señala Celsa Peiteado, coordinadora de política agraria y desarrollo rural de la asociación ecologísta WWF.

Estas son algunas de las razones por las que los alimentos ecológicos son más caros. “Aunque si se obligase a que en el precio de un producto convencional se incluyera el coste ambiental que supone producirlo, como por ejemplo contaminar un acuífero cuando no se utilizan bien los fertilizantes, y lo que nos cuesta a la sociedad descontaminar ese acuífero, el producto convencional sería más caro que el ecológico”.

Líderes en producción, a la cola del consumo

Cartel en una calle céntrica de Vitoria que anuncia la venta de productos ecológicos. EFE/David Aguilar

España es líder en Europa en superficie y en producción ecológica, pero la gran parte de lo que se consume se exporta a los países del centro y norte del Viejo Continente.

La tendencia a invertir en producción ecológica se debe en parte a las ayudas europeas, pero también a que cada vez hay más agricultores y ganaderos convencidos de que es más saludable tanto para los consumidores, como para sus explotaciones: si mantienes la fertilidad natural del suelo, si tienes predadores naturales en tu finca que controlen de manera natural las plagas… al final estás ahorrando costes”, apunta la representante ecologista.

Los productores apuestan por la alimentación sostenible, pero la sociedad española no consume tanto esos productos más sanos y sabrosos. “Influye el precio, sobre todo ahora en época de crisis, además existe un desconocimiento general y bastante lío con las etiquetas”, señala Peiteado.

Pero ahora ha surgido una nueva vía para adquirir los alimentos ecológicos: grupos de consumidores que se organizan para comprar directamente al productor ahorrando así el coste del intermediario.

Unas ventas directas basadas en la confianza que van en aumento. Pero si la compra se hace en establecimientos comerciales es necesario comprobar el certificado ecológico y fijarse o preguntar en la pescadería y carnicería sobre el origen y calidad del producto.

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